Editorial
squared circles - holes, por Leo Reynolds
amos a decir la verdad: estamos podridos de leer editoriales de primeros números de revistas que se proponen “abrir un nuevo espacio de comunicación”. No sé si vos habrás leído muchos pero esa frase figura siempre, a veces así, textual, como la escribimos arriba, a veces con alguna variante. Pero siempre, siempre, lo del nuevo espacio. ¿Por qué nos produce tanto rechazo leer este tipo de presentaciones? Porque hay espacios a patadas. Porque hay espacios por todos lados, ámbitos donde expresar la pequeña verdad de cada uno. Tantos espacios hay, tantas vías de comunicación, que los lectores (vos, yo, todos nosotros) sufrimos por exceso, nos sentimos invadidos, no sabemos a qué prestarle atención, qué leer, qué mirar, qué comprar.
Esto es así para todas las publicaciones pero tal vez resulte más abrumador en el caso de las revistas literarias. En papel o en la Web, las publicaciones con material de autores noveles, la mayoría jóvenes, proliferan como hongos. Algunas sobreviven durante bastante tiempo, otras mueren a los pocos números. Podemos citar numerosos ejemplos de ambos fenómenos pero nos parece que el argumento ya está claro.
¿Para qué, entonces, sacar otra revista literaria? ¿Cómo justificar la aparición de Sismo Trapisonda? Porque, de hecho, parece que hemos llegado al punto de que sumar una publicación de este tipo a la miríada de publicaciones que ya se editan requiere una justificación. Aunque no debería ser así: en estos tiempos de bulimia cultural, la respuesta a la proliferación de ofertas culturales no debería ser dejar de producirlas. Y sin embargo... nos sale ensayar una defensa, decir que esta nueva revista nos parece por lo menos tan valiosa como cualquier otra y tiene por lo menos el mismo derecho de existir.
Y no, no hace falta defensa alguna. La justificación más ancha y profunda de la existencia de esta nueva revista es la siguiente: estamos jugando. Y eso es una de las cosas más importantes que uno puede hacer en la vida. Sismo Trapisonda no es sólo una revista, también es una intervención urbana: un bicho raro que promete invadir la ciudad cada tanto, sin que nadie sepa cómo o cuándo. Es una inflorescencia, una conflagración, una metralla de arte disparada sobre el paisaje platense.
Pero también hay otra justificación, algo que distingue a Sismo Trapisonda del resto de las revistas literarias: su público. A esta cosa rara se llega principalmente por el influjo de la buena fortuna, aunque también se requiere un mínimo de curiosidad; no hace falta ser miembro de ningún círculo intelectual o institución cultural y, de hecho, pretendemos que nuestro público no sea gente aficionada a la lectura de otras publicaciones literarias. Nos gustaría saber que estamos llevando el arte a la gente que habitualmente no consume arte. En ese sentido sí podríamos estar abriendo espacios, hendiendo la rutina del caminante para meterle algo interesante en la grieta.
Bienvenido o bienvenida, entonces, a este nuevo espacio que no es sólo un espacio sino también una acción. ¿Querés saber algo más sobre esta cosa rara? En nuestra página Web hay algo más de información. Y si seguís sintiendo curiosidad, podés escribirnos a info@sismotrapisonda.com.ar.
La idea de Sismo Trapisonda no surgió de la nada; no es, si se quiere, una idea demasiado original. El antecedente más cercano son las tres “colgadas de poesía” que tuvieron lugar en esta ciudad entre fines del año pasado y comienzos de éste. Pero no hay que olvidar iniciativas de bombardeo poético como la que concretó el año pasado el grupo Sal Diagonal, el exitoso sistema BookCrossing (que cuenta con miles, si no decenas o cientos de miles, de miembros en todo el mundo), la primera etapa de la revista digital Axxón (que se distribuía en diskette en los tiempos pre-WWW) o incluso el trabajo del Frente de Liberación de Enanos de Jardín.
Estamos jugando. Y vos también podés jugar. Más sobre eso, en un minuto.
Pero ahora queremos volver sobre la idea de arriba: sobran espacios, hay espacios por todos lados. Hay aire, vacío, oquedades, vértigo; estamos atravesados, perforados. Y por eso, es decir por nuestra disposición ácida respecto del mundo como es, vamos a abrir este “nuevo espacio” con un número íntegramente dedicado a los agujeros.
Greta nos habla del agujero del ya no estar. En su texto, la ausencia es una traición, la negación de una promesa. Es la narradora la que ha quedado agujereada, la que, al seguir ahí, se ubica justamente al borde del vacío. En sus poemas, también Carolina Mettini refiere a la ausencia como hueco, pero además a la oquedad en el lenguaje, a los espacios que para bien o para mal determinan nuestras elecciones; como narradora, nos habla de las hendijas y sus posibilidades, no sólo en un sentido físico. De una manera desde cierto punto de vista similar, la conmovedora narración de Celia Ríos parte de un simple hueco entre el lavarropas y la pileta del lavadero, pero remite también a otro tipo de espacio vacío.
En tanto, a los personajes del cuento de Carlos Aprea los encontramos detenidos al borde de otra especie de agujeros: los finales, los destinados a recibirnos cuando ya nada podamos hacer; desde allí nos iluminan con una visión involuntariamente irónica. Distinta es la situación de los hombres que retrata José María Pallaoro en su poemario, hasta ahora inédito. Modelada en base a un lustro de vivencias fuertes (los cinco años que pasó como calderista en el hospital neuropsiquiátrico de Melchor Romero), la sucesión de breves textos permite adivinar el dibujo de un no lugar: el del vacío entre lo esperado insatisfecho y el deseo imposible, o viceversa. Nadie ahí eligió vivir en esa clase de agujero, pero algunos eligieron quedarse.
Otras dos visiones a partir de los agujeros. Ariadna Pérez Ramírez eligió arrancar de una herida (física: una perforación, el producto de una pelea) y terminar esbozando un concepto de fidelidad que no puede prescindir de la violencia ni del misterio. En el caso de Verónica Rodríguez, la apuesta es fuerte desde el principio: en su poema el vacío no corresponde al irse o al dejar de ser, sino al desaparecer, un verbo de connotaciones profundas por estos lares.
Una línea para quien esto escribe: mi texto narrativo refiere a la posibilidad del horror absoluto desatado por la tecnología, a ese final espantoso, irreversible, que podría cernirse no sólo sobre toda la humanidad sino sobre el planeta mismo, sobre la pequeña bola azul que habitamos, y cuyo nombre, agujero negro, tiene una resonancia adecuadamente siniestra.
Último pero no menos importante, el coso (no de otra manera podíamos llamar a este cruce entre narración, ensayo y receta para la vida) de Griselda Collazos hace las veces de segundo editorial (fue grande la tentación de ponerlo arriba de todo, donde figura este editorial que estás leyendo, pero también había que presentar la revista, qué tanto).
Es de esperar que disfrutes además de las ilustraciones de Griselda que acompañan a algunos de los textos. En esta edición, el resto del material gráfico son imágenes tomadas por fotógrafos que las han puesto a disposición pública. Hay mucho más material buenísimo en el blog de Griselda y en los sitios Web de los respectivos fotógrafos; los links relevantes están al pie de las imágenes.
Trama, por Griselda
¿Querés jugar con nosotros? Es fácil: lo único que se necesita es que seas capaz de producir un texto, una ilustración, una composición musical o incluso un video de calidad artística aceptable que tenga relación con un tema determinado. Si podés hacerlo, no tenés más que mandar un mail a colaboraciones@sismotrapisonda.com.ar con tu aporte en el caso de los textos e ilustraciones de menos de 300 Kb, o con un link a tu obra en el caso de música, video o ilustraciones de 300 Kb o más. (Por favor no nos mandes mails con adjuntos más grandes que eso, seguramente nos generarán problemas y vamos a borrarlos directamente en el servidor, sin verlos.) El asunto del mail (subject) debe incluir el nombre de la revista.
El criterio de elección del material es un criterio de calidad, no de amplitud; es decir, no nos sentimos obligados a publicar al menos un cuento o un poema de cada colaborador. Por otra parte, Sismo Trapisonda es una revista temática, en el sentido de que cada número, empezando por éste, va a incluir sólo textos que giren en torno de un tema específico. Lo cual significa que la mayoría de los textos que se publiquen van a ser escritos específicamente para la revista y no tomados del material que a cada autor le haya sobrado de otros proyectos o que no haya podido meter en otro lado (aunque no nos molesta eso, siempre que sea buen material).
¿Cómo? Ah, sí, claro: quienes quieran colaborar deberán tener presente el tema en torno del que girará el próximo número de Sismo Trapisonda (repetimos que no se publica material que no tenga relación con el tema de tapa). Bueno, acá va: el tema del segundo número de Sismo Trapisonda será “Ruido”.
¡A jugar!