Narrativa

¿Estás?

por Greta

feet over the void, por alistaire47

 

Greta, que no se llama Greta, nació en un par de diagonales planificadas, en una ciudad cuyas calles tienen nombres pero nadie los recuerda, hace algo más de 21 otoños; y supone que morirá una tarde soleada en París. Ella dice que, cuando los horarios y la rutina se lo piden, estudia Traductorado en Inglés en un edificio verde con una escalera quita-aliento, pero más bien prefiere dedicarse a bailar y escribir. Greta anhela, por el momento, recibirse, poder leer una pila de libros que le parecen interesantísimos, ganar un concurso de poesía, seguir bailando hasta que “el escenario le tiña las canas”, escribir un libro, soñar despierta, acomodarse en los vértices de alguna espalda, tachar la listita de “asignaturas pendientes” antes de reencarnar en una estrella de mar, seguir viviendo este mundo desde su caja de música y charlar con vos en ojos.degreta@gmail.com, claro está.

C

laro que no; nunca estuviste. Si lo único que hiciste fue rozarme con abrazos de sal y dibujarme ilusiones de papel.

Ya te decía yo, “le tengo miedo a este enero”. Y tenía razón. Pero vos no escuchabas, y dejabas que te buscara en los mismos labios, en un antro pegajoso, escondidos de rostros que no nos veían, una noche parecida a la primera. Y yo no te encontraba.

Porque ya no hablabas con los ojos, ni espiabas con las manos; ni siquiera respirabas canciones por la espalda. Terminaste preocupándote por robarme una vida más de a sorbos, en lugar de dejar que yo vierta una hora más de muerte entre tu pelo, fortaleza que ya no he de atravesar.

Te diría tantas cosas... que sigo memorizando el color de tu voz, y bailando un tango con el perfume que no usás. Que ya sé que no es justo, pero que yo sí estoy; siempre estuve.

Y te pediría que me ayudes, que me soples lejos de las excusas con que me usaste, que te saques las ganas de una vez más y dejes de mirarme desde los espacios de mis puntos suspensivos. Que invites a mis pies a bailar con el olvido y alivianes mis bolsillos llenos de pasado.

Mientras tanto, yo voy a despegar las posdatas de tu nuca y desclavar mis silencios de tu costado. Por último, desabrocharé –sin que lo notes– un febrero de año bisiesto de tu calendario así dejo de imaginar el último café que nunca nos tomamos. Y en tu mesa de luz, una nota que diga “la vida que me robaste, me la devolviste tres mentiras más tarde”.

 

¿Que siempre vas a estar, decías? Qué manera sutil de decirme –sin decirlo– que no estás. Ya te lo decía yo, nunca estuviste. Pero vos jamás escuchaste.