Narrativa

Nocturno (Ruidos II)

por Greta

 

Greta, que no se llama Greta, nació en un par de diagonales planificadas, en una ciudad cuyas calles tienen nombres pero nadie los recuerda, hace algo más de 21 otoños; y supone que morirá una tarde soleada en París. Ella dice que, cuando los horarios y la rutina se lo piden, estudia Traductorado en Inglés en un edificio verde con una escalera quita-aliento, pero más bien prefiere dedicarse a bailar y escribir. Greta anhela, por el momento, recibirse, poder leer una pila de libros que le parecen interesantísimos, ganar un concurso de poesía, seguir bailando hasta que “el escenario le tiña las canas”, escribir un libro, soñar despierta, acomodarse en los vértices de alguna espalda, tachar la listita de “asignaturas pendientes” antes de reencarnar en una estrella de mar, seguir viviendo este mundo desde su caja de música y charlar con vos en ojos.degreta@gmail.com, claro está.

rain drop explosion!, por jonrawlinson

H

e perdido la cuenta de las noches que llevo buscándote en los recovecos de mis labios. Me quedo a oscuras cuando te busco, porque cada latido tiene el tono helado de tus manos. En la mudez de la casa sólo retumba el goteo de la canilla que nunca arreglaste como eco constante de una puerta cerrándose demasiado pronto; como recordatorio de todo lo que quedó inconcluso, a medio camino entre el vértigo y el grito.

Deberías ver cómo aturde esta birome apuntándoles a tus ronquidos, por no confesarte que estas hojas raspan mis manos más de lo debido. Es que desde que te fuiste no hay otra cosa que murmullos viciados, si hasta a mis cosquillas se les destiñó la risa ahora que tus dedos no las sorprenden en tu expedición cintura adentro. Dejá que el agua hirviendo siga silbando y tocá esa melodía jujeña en la guitarra, que yo te regalo la afonía de mis notas para que flotemos bajito. Y no te quedes tan pensativo dándome la espalda, que hasta la jauría de la esquina se calla por prudencia y el aire contiene la respiración justo antes de atravesar las ramas de los árboles. Mejor date la vuelta que buscamos el recorte de cielo que enmarca la ventana en el reflejo de tus lentes. Y sonreíle a este silencio, que entre tanto ruido se me escapa el color de tu voz.