Narrativa
e perdido la cuenta de las noches que llevo buscándote en los recovecos de mis labios. Me quedo a oscuras cuando te busco, porque cada latido tiene el tono helado de tus manos. En la mudez de la casa sólo retumba el goteo de la canilla que nunca arreglaste como eco constante de una puerta cerrándose demasiado pronto; como recordatorio de todo lo que quedó inconcluso, a medio camino entre el vértigo y el grito.
Deberías ver cómo aturde esta birome apuntándoles a tus ronquidos, por no confesarte que estas hojas raspan mis manos más de lo debido. Es que desde que te fuiste no hay otra cosa que murmullos viciados, si hasta a mis cosquillas se les destiñó la risa ahora que tus dedos no las sorprenden en tu expedición cintura adentro. Dejá que el agua hirviendo siga silbando y tocá esa melodía jujeña en la guitarra, que yo te regalo la afonía de mis notas para que flotemos bajito. Y no te quedes tan pensativo dándome la espalda, que hasta la jauría de la esquina se calla por prudencia y el aire contiene la respiración justo antes de atravesar las ramas de los árboles. Mejor date la vuelta que buscamos el recorte de cielo que enmarca la ventana en el reflejo de tus lentes. Y sonreíle a este silencio, que entre tanto ruido se me escapa el color de tu voz.