Editorial

Andar

por Sebastián Lalaurette

Viaje, por Petre

 

A

ndar, andando, andamio, ándale, andaduras, andadas... A las andadas volvemos con este tercer número de Sismo Trapisonda, que también es el primero. Siempre es el primero: uno siempre se encuentra con Sismo Trapisonda por primera vez. Tenés en tus manos, querido lector, la revista más rara del mundo: una revista que va a buscarte, que no podés comprar o tomar prestada, una revista a la que sólo se puede llegar por accidente. Así que el hecho de que estés leyendo esto te convierte en una persona afortunada.

Permitime entonces que te presente a Sismo Trapisonda, la revista menos vista: un plop azaroso, una lluvia de arte sobre tu ciudad. Éste es el tercer número, aunque para vos sea, con toda seguridad, el primero. El tercer número de una revista que nació hace casi un año para llevarle la experiencia artística al transeúnte desprevenido: literatura para quienes no leen literatura, ilustraciones para quienes no entrarían a una exposición de fotografías o dibujos. Creemos que el arte puede cambiar la vida de la gente y por eso lo sacamos de sus lugares habituales y lo tiramos literalmente a la calle. Hacia vos.

Es curiosa la forma en que Sismo Trapisonda fue hablándose a sí misma de su realidad. El primer número tenía como concepto base el de "Agujeros" y lo cierto es que, de alguna manera, venía a hacer un aporte infinitesimal para ocupar una especie de agujero permanente, ancho y profundo: el que separa poesía y gente, el que le habla a cualquiera en un idioma que usualmente hablan sólo unos pocos. En el editorial de ese primer número nos burlábamos un poco de la costumbre de presentar nuevas publicaciones literarias diciendo "Venimos a llenar un espacio", pero la forma de distribución de esta revista que estás leyendo ahora, ese bombardeo insospechado sobre la vía pública, hace que de algún modo estemos haciéndolo, no por sumar material a la ingente producción literaria y artística que día a día se pierde en el marasmo de Internet, sino por sumar lectores y espectadores, por llevarlos por sorpresa a ese terreno que tal vez no visitan jamás.

El segundo número estuvo dedicado al "Ruido" y, llamativamente o no, la revista venía haciendo un poco de ruido en algunos medios y blogs. Era natural: lanzar una revista sin público definido, sin saber quién puede llegar a leerla, lanzar una revista que no puede conseguirse a propósito y no se sabe cuándo o donde saldrá, es algo que llama la atención. El ruido que nos interesa hacer, sin embargo, es otro: es dejar un poco sacudida tu cabeza, hacer que algo se mueva ahí adentro.

Pero lo más notable es el registro en que se ubica este tercer número, cuyo concepto base es "Andar". Juro que todas las coincidencias han sido involuntarias, que sólo se trataba de pensar en conceptos que pudieran generar miradas artísticas diversas: por eso "Agujeros", por eso "Ruido". Pero lo cierto es que con este tercer número Sismo Trapisonda no sólo consolida su andadura (un número es puntapié inicial, dos son tesón, tres ya permiten vislumbrar continuidad), sino que además se ha echado a andar por el mundo. Empezó repartiendo cien ejemplares en La Plata, provincia de Buenos Aires, pero esta edición también tira CDs con la revista en la capital argentina, en ciudades del interior (General Roca, San Rafael) y hasta en Minatitlán, México. Si estás leyendo la revista en Minatitlán, México, aprovecho para pedirte disculpas por el voseo, pero qué se le va a hacer: somos casi todos argentinos.

No todos, sin embargo. Y aquí está Aletsé para dotar a la revista menos vista de un carácter internacional. Ella se vuelca al lenguaje del andar en un texto que ubicamos en la sección "Cosos" y también, en un breve cuento, refiere al irse y a la posibilidad de volver a encontrarse: vicisitudes del camino que llamamos vida. Una mirada similar es la de Greta, que en otro breve texto narrativo recuerda que andar juntos no siempre es encontrarse y que andar separados no significa ser ajenos. Ambas son reincidentes en la revista y también lo es Mariela Ghenadenik, autora de un relato de intensidad melancólica: allí el andar es caminar por fuera de las vidas de los otros, de esquina a esquina, de recuerdo a presente.

Otra reincidente es Dulce Pallero. Por partida doble: aporta un par de textos difíciles de definir, dos acercamientos al acto de caminar, uno desde el autoextrañamiento ante la ciudad y sus presupuestos, el otro una serie de lúcidas postales que no le temen a esa actitud tan demodé: la denuncia.

Antes de que pienses que este número de Sismo Trapisonda está totalmente hecho por mujeres, te cuento que el apartado poético se abre con tres piezas brevísimas de Coneus, otro autor que ya hemos publicado y que aquí confirma su capacidad para el lirismo casi aforístico, siempre profundo. Ya que hablamos de aforismos habría que decir que a eso se acercan los textos mínimos que José María Pallaoro compila en su aporte a esta edición: son, sin embargo, más que eso, son verdaderas joyas poéticas, algunas más fulgurantes, otras más opacas, de una belleza recóndita.

Es más directo el lenguaje de Carolina Mettini, quien en dos poemas dibuja sendas alegorías ancladas en sensaciones físicas: nos hace llover en la cara, pero también por dentro, nos calienta y aturde a bordo de un tren, imagen que coincide con la que titula la obra de Pallaoro. Ariadna Pérez Ramírez, en tanto, produce un relato en verso, una narración de tintes casi fantásticos pero sin embargo tan cercana a nosotros... Nada que ver con el realismo de Liliana Celiz, que con maestría liga el paisaje concreto del campo, las rocas, la laguna, a posibles paisajes interiores en movimiento. A diferencia de los autores ya mencionados, Celiz es una nueva y destacable incorporación a Sismo Trapisonda.

Una mención para Carlos Barbarito, otro reincidente, cuyos poemas no van incluidos en el apartado de poesía sino en una sección especial que preparamos para este número. Están absolutamente ligados a dos lugares concretos: un hotel en Amsterdam en un caso, el Puerto de Santos (San Pablo, Brasil) en el otro. Y es por eso que figuran en el diario de viajes colectivo que te ofrecemos en esta edición.

Allí, por orden cronológico, un puñado de talentosos narradores te cuentan cómo se vive o sufre o respira en los lugares del mundo que les ha tocado visitar. Además de Barbarito está Horacio Petre, quien además produjo la ilustración de tapa de este número, la que encabeza este editorial y las de algunos textos; Mettini, que realmente parece que no ha dejado ciudad del mundo sin conocer (ni siquiera las de nombres impronunciables), y Griselda Collazos, a quien ya hemos contado como escritora en números anteriores y que narra algunos viajes a España, uno de ellos develador de raíces familiares. Yo te hablo de dos pequeñas ciudades argentinas a la vera de sendos ríos; Trotamundos, de la inabarcable metrópoli neoyorquina; y dos autores que estrenamos orgullosamente echan luces particulares sobre tres bellas capitales europeas. Se trata de Javier Arevalo Rendall, residente en Londres, y de Malena Sánchez Moccero, que se hace presente con sus frescos de Praga y Berlín.

Por supuesto, una parte importante de esta revista que tenés entre manos son las ilustraciones. Los dibujos y fotografías de los talentosos ilustradores que se engancharon en este proyecto son lo que lleva a este número de Sismo Trapisonda a otro nivel de belleza. Ya te hablé de Petre, pero también están Griselda, Altamira y Malthusea con sus dibujos, y Anabella Reggiani y María Luz Grioni con sus fotos. Entre los seis han conseguido realzar los textos y aportar miradas sobre el andar que resultan, tal vez, intraducibles a palabras.

Y eso es lo que, gracias a un golpe de suerte, ha llegado a tus manos. Eso, o sea esto: una revista literaria que no se compra ni se vende ni se regala, sino que simplemente aparece. Disfrutala: es tuya, no mucha gente tiene una. Y con todo el material que incluye, seguro, pero seguro, seguro seguro que algo te va a gustar.

Disfrutala y después, en un rato libre, después del trabajo o antes, o al irte a dormir, o entre sesiones de chat, escribinos a info@sismotrapisonda.com.ar. Contanos qué te pareció. Cuándo te la encontraste, dónde, qué pensaste, cómo fue. Qué te pasó al leer los textos y contemplar las ilustraciones. O cualquier otra cosa. Queremos saber de vos.

Y si escribís cuentos o poemas o ensayos o novelas o lo que sea, o si tenés talento para dibujar o pintar o tomar buenas fotos, o si hacés música o video; en definitiva, si lo tuyo es el arte, escribinos también, a colaboraciones@sismotrapisonda.com.ar. Tal vez acá, en esta cosa tan rara que hacemos, haya un lugar para vos.

¡Hasta siempre!